
Ámame así como soy... mi Señor
Desde mis actuaciones mundanas,
hasta mis plegarias más sentidas y elevadas.
Ámame desde el primer rayo de luz del amanecer
hasta la última gota más oscura de la noche.
Desde mis deseos más rastreros
hasta mis más nobles aspiraciones de tenerte
Ámame así como soy... mi Señor
Con mi fragilidad y pequeñez.
Con mis caricias para ti, a flor de piel.
Ámame mirándome a los ojos,
y dejándote arropar por mi mirada,
siempre enamorada…..
Desde mi virtud hasta mi pecado;
Desde mi virtud hasta mi pecado;
Desde mi puerta hasta mi última morada;
Desde mi mezquindad y mi pobreza,
hasta mi total donación evangélica.
Ámame así como soy… mi Señor
Desde mi desierto hasta mi campo florido.
Desde mi equilibrio hasta mis incoherencias,
desde mi alma rota,
y mi corazón paciente con mis soluciones y problemas,
con mis abundantes dudas y mi fe expectante.
Con mis alegrías y tristezas,
con mi verdad y mi mentira,
con mis luces y mis sombras,
con mis desganos y pasiones.
Ámame así como soy… mi Señor
Desde la fuente donde brotan mis ideas,
mis tentaciones, mis devociones,
hasta el pozo más profundo…
donde entierro mis dolores.
Ámame así como soy… mi Señor
Ámame en la tierra y en el cielo,
En las montañas, en los llanos, en las estrellas,
Y en los azules del océano.
Ámame con mis miedos, y mis fuerzas,
mis valores y miserias.
Desde lo mucho que puedo ser,
hasta la nada..que habita mi yo
Ámame así como soy… mi Señor
En el silencio de la Eucaristía,
Y en la voz esperanzada de quien daría ser correspondido.
Ámame desde la Primavera hasta el Invierno.
Desde el dulce sabor a miel,
Hasta la amargura de la ausencia...
¡Oh Amado mío!
Caminemos juntos hacia el amor pleno,
Amor perfecto, amor eterno.
Amémonos hasta fundirnos en el horizonte increíble
del misterio….
Donde siempre te espero…
donde siempre me esperas.
Donde la culpa se quema,
en “ La llama de Amor viva”
y se eleva como ofrenda redentora hacia el cielo,
después de ser tocada por tu Misericordia Divina…
Asi como soy te amo….con el ardor de Elías…
la postración de la Magdalena,
la sed de la Samaritana…
y el corazón de una sierva…
Elena Briceño.
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